Formación de formadores Practicum

La práctica académica/prácticum como espacio para la formación

Comúnmente los espacios de práctica son pensados como momentos para que los estudiantes “pongan en práctica” el conocimiento adquirido previamente, lo “apliquen a la realidad”, adquieran “experiencia laboral”, y de manera general se les nombra como espacios para el aprendizaje. No se trata de ir a la práctica sólo a aprender, se trata de ir con un plan para formarnos en el marco de una experiencia que ha sido pensada desde la institución formadora y la institución receptora o escenario de práctica, en cuyo diseño un formador ha pensado cuidadosamente.

Casi todos los programas de formación de grado o carreras de pregrado como las llamamos en algunos países, incluyen en su plan de estudios espacios para la práctica académica o el prácticum como se le denomina en España. De hecho, es cada vez menos frecuente encontrarse un programa que no contenga estos espacios; al contrario, cada día tienen mayor presencia en diferentes semestres, así como mayor duración.

Comúnmente los espacios de práctica son pensados como momentos para que los estudiantes “pongan en práctica” el conocimiento adquirido previamente, lo “apliquen a la realidad”, adquieran “experiencia laboral”, y de manera general se les nombra como espacios para el aprendizaje.

Los invito a que revisemos los supuestos que subyacen detrás de esas miradas y por qué estoy más a favor de que comprendamos la práctica académica como un espacio para la formación. 

Poner en práctica da cuenta de una formación en la cual se asume la teoría como algo escindido de la práctica, además evidencia que primero se debe aprender la teoría y luego viene el momento para poner en práctica, en este sentido, podría leerse poner en práctica como ejercitarse en el uso de la teoría, repetir lo actuado a partir de las teorías para ganar automatización en el proceso.

Aplicar a la realidad. Nos da cuenta de una formación que ha entregado métodos, fórmulas, pasos o procedimientos que se pueden transferir a cada realidad, de hecho la expresión asume la realidad como una sola, nótese que no especifica que son múltiples realidades las que se pueden encontrar en el futuro profesional.

Experiencia laboral.  Que asumen por experiencia laboral quienes piensan que la práctica se justifica por esta suerte de internado que vive el practicante en el entorno laboral. Si todos en el escenario de práctica reconocen quién es el aprendiz, si tiene supervisión permanente, límite en la delegación, límite en las responsabilidades que asume, acompañamiento de la institución formadora y tutor en el escenario de práctica, podemos decir realmente que esto es una experiencia laboral. Cuando en casi todos los oficios la principal característica de esta experiencia es el individualismo en el que trabaja cada persona, la soledad en la que se encuentra durante la ejecución y la presión permanente derivada de ser el único responsable por la tarea, ¿de verdad podemos llamar a la práctica experiencia laboral?. Me lo quedo pensando…

Espacio para el aprendizaje. Efectivamente la práctica académica es un espacio donde el estudiante aprende muchas cosas, pero cuando ponemos el acento en el aprendizaje le estamos dejando la tarea casi exclusivamente al estudiante, y nos olvidamos de que los procesos de práctica deben generar experiencias de formación en las que sea posible aprender. Y justamente ese es el momento en el que los formadores son necesarios, porque son ellos los encargados de generar estas propuestas de formación.

No se trata de ir a la práctica sólo a aprender, se trata de ir con un plan para formarnos en el marco de una experiencia que ha sido pensada desde la institución formadora y la institución receptora o escenario de práctica, en cuyo diseño un formador ha pensado cuidadosamente.

Asumir que la práctica académica es un espacio de formación implica que el estudiante está acompañado y estimulado a reflexionar sobre las situaciones que allí le ocurren para derivar aprendizajes, esto explica la presencia de estrategias como bitácoras, diarios reflexivos, portafolios, entre otros.

Así, es necesario estimular a los estudiantes a pensar sobre lo que les pasa para que puedan generar aprendizaje. Estos estímulos implican que se tengan en cuenta y se valoren los conceptos, la ejecución de los procedimientos y que también se reconozcan las aptitudes y actitudes necesarias para el desempeño profesional.

Acerca de qué elementos considerar cuando diseñamos esas propuestas les contaré otro día.

Rosa Bolívar / formadora de formadores

Photo by Dmitry Ratushny on Unsplash

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